Resumen
El envejecimiento en mujeres con el VIH representa un desafío particular, ya que enfrentan tanto
los cambios propios de la edad como las complicaciones asociadas a la infección. Es común que,
a partir de los 50 años -considerada la edad a partir de la cual una persona se define como
“adulta mayor” en este contexto-, puedan aparecer de forma más precoz y frecuente diversas
comorbilidades, tales como enfermedades cardiovasculares, osteoporosis, diabetes e incluso ciertos
tipos de cáncer. Estas condiciones no solo afectan su calidad de vida, sino que también pueden
complicar el manejo del VIH en sí mismo, dado que la polimedicación y las interacciones
farmacológicas deben ser cuidadosamente vigiladas para evitar riesgos.